miércoles, 15 de septiembre de 2010

11.

11.
"Hold me 'til the sun burns out".

Sí, todo iba bien. Todo iba muy bien.
Danny la besaba y acariciaba bajo las estrellas y luces londinenses. Sophie le abrazaba y jugaba con su lengua mientras con la otra mano le quitaba la camiseta. Él le sacó la camiseta también a ella, mientras le besaba y mordía el cuello.
Danny la cogió en brazos y la tumbó en el césped, donde había previamente colocado una manta. Ella enredó sus piernas alrededor de la espalda de Danny, mientras él le quitaba el sujetador y acariciaba suavemente los senos de Sophie. La respiración de ésta se volvía cada vez más agitada y decidió colocarse encima y tomar el mando por unos momentos.
Apasionadamente recorrió todo su torso con los labios y la lengua hasta que llegó al pantalón, que le quitó rápidamente y tiró con el resto de la ropa. Él, mientras tanto ya le había quitado la falda, y estaba bajando sus manos lentamente por su cintura hasta que se topó con la única prenda que le separaba de ella. Un obstáculo menos. Una prenda más al montón. Y él que, con besos recorría su abdomen y, con besos, llegaba a sus genitales. Ella que le miró y él que introducía su lengua dentro de ella para hacerla gemir de placer por unos minutos. Después, la besó fuertemente en los labios, mientras ella le quitaba los calzoncillos y jugueteaba con su gran amigo y le ponía el condón, lista para arder en las llamas del placer con ese chico que tanto le gustaba.
Lentamente, él la hizo suya y, sin darse cuenta, ella se puso encima y le montó. Le hizo suyo, mientras el acariciaba sus senos y, juntos, volaban lejos de ese jardín. Para terminar en las estrellas, que antes les miraban. En el jardín no se escuchaba más que sus respiraciones agitadas y sus gemidos. Poco a poco, fue aumentando la velocidad de sus movimientos haciendo que el placer fuese mayor. Se tumbó encima de Danny y le besó, mientras él la sentaba en frente suya y, ayudado por sus manos, la hacía suya una vez más.
Después de esto, se tumbaron juntos y él la rodeó con los brazos, mientras ella apoyaba la cabeza en su pecho y decía, mirando las estrellas:
-Tantas estrellas, tanta gente... parecemos insignificantes. Pero tú me haces sentir gigante.
Él la miró. Sus ojos azules brillaban y estaban fijos en sus manos entrelazadas, su respiración acompasada casi inaudible y sus piernas buscando calor en las de él. Entonces, contestó sonriendo:
-Tú me haces volar, me haces brillar...
Y se quedaron así en silencio, mirando sus manos entrelazadas y pensando en su reconciliación. Entonces, ella dijo:
-¿Me quieres?
-¿Qué?
-Me refiero a, ¿qué va a pasar con nosotros?
-No lo sé. I'm just following the road for a walk in the sun.
-¿Qué quieres decir con eso?-preguntó ella sonriendo.
-Que, por ahora, quiero estar contigo sin pensar en el futuro y que sea lo que tenga que ser.
Ella trepó por su pecho y le besó suavemente los labios. Él sonrió ampliamente y, cogiéndola en brazos, la subió a la habitación y la tumbó en la cama a su lado. Y, abrazados, se durmieron.

En el cine...

Harry, Dougie, Tom y Lane entraron a ver "Todos están bien". Al principio, Lane y Dougie aprovecharon para besarse y susurrarse ñoñerías. Pero, en cuanto Lane empezó a ver la peli, Dougie se tuvo que besar la mano.
Lane se sentó en las piernas de Dougie y lloró toda la película. Cuando salieron de la sala, Lane tenía los ojos rojos y sus compañeros, lágrimas en los ojos. En ese momento, recibió una llamada.
-¿Sí?
-¿Lane? Soy Jeremy, ¿qué tal?
Lane, emocionada, sonrió y dijo:
-¿Qué tal estás? ¿Dónde estás? ¿Cuándo te veo?
Lane escuchaba la risa sonora de Jeremy que tanto había echado en falta desde que se fue... Se conocían desde los cuatro años y, desde que se conocieron, estuvieron siempre juntos. Eran como hermanos.
Le conoció porque la madre de Jeremy era muy amiga de la madre de Lane, podría decirse que la única que conservaba de su infancia.
-Bien, estoy muy bien. ¡Te he echado de menos enana! Y Sophie, ¿qué tal está?
-Jaja. Y yo a ti bobote. Sophie está muy bien, con novio y contenta. ¿Tú dónde estás? ¿Cuándo vienes a Londres?
Lane no se daba cuenta pero, mientras hablaba con Jeremy, los chicos la miraban y a Dougie empezaban a subírsele los colores. Para una persona que pasase por delante sería una escena bastante graciosa porque tomaba un color rojo pimiento y tenía cara de estreñido.
-Ya estoy aquí. Llegué hoy y me quedo hasta el domingo, tres días. Me gustaría verte, ¿cuándo me haces un hueco en tu agenda?
-¿Mañana a las seis en la plaza de enfrente de tu antigua casa?
-Perfecto, allí te espero. Te quiero, nos vemos.
Colgó y se giró para mirar a los chicos. Justo en el instante en que Dougie estalló y preguntó enfadado:
-¿Quién pollas era ese?
Lane se rió y le contestó:
-Mi mejor amigo, que vive en París y se queda aquí hasta el domingo.
Dougie se calló pero seguía cabreado así que le cogió de la mano y le llevó a un banco para hablar. Le miró a los ojos y le preguntó pacientemente:
-¿Qué pasa? ¿Por qué estás así?
Él levantó la vista y clavó sus ojos azules en los verdes de Lane, parecía triste y enfadado a la vez y tardó en contestar.
-Porque te quiero demasiado. Y, desde que sé que tienes novio, no sé qué esperar.
Ella le besó lenta y suavemente y, después, contestó:
-Eres mi rubio inútil. No hay nadie más, pero aún así... Quiero aprovechar para hablar, ahora que sacas el tema. No eres el único que se ralla...
Él tenía sus profundos ojos azules clavados en ella y la incitaba a hablar y decirle lo que le preocupaba.
-A veces tengo miedo, ¿sabes?
Se miraban fijamente y él preguntó:
-¿Por?
-Porque hay veces en que pienso que en realidad no sé nada de ti y me da miedo que perdamos esto por eso...
Él se quedó callado un momento y después dijo, sonriendo:
-Dime, ¿qué quieres saber de mí?
Ella se rió y contestó:
-¿Cuándo es tu cumpleaños?
-El 30 de noviembre. ¿El tuyo?
-Uno de marzo. ¿Color?
Él la miró, sonrió y le susurró:
-El de tus ojos.
Y, después de eso, la besó fuertemente dejando a sus celos correr en libertad lejos de allí y disfrutando de ese momento con ella. Siempre con ella.

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